domingo, 25 de enero de 2015

EVANGELIO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.


SEÑOR, al final del Octavario de oración por la Unidad de los Cristianos, en la fiesta de la conversión de San Pablo, me llega tu palabra de vida, de amor y de unidad: ¡Convertíos! Sólo con tu Espíritu podré alcanzar la conversión, camino de unidad. El Espíritu que te ungió está sobre ti, y también sobre mi: Me ungió en el Bautismo, y en mi Confirmación me envió al mundo a anunciar tu Evangelio. “El momento es apremiante”: no tengo tiempo que perder, urge que me convierta y te siga con la prontitud de los primeros apóstoles y de Pablo, que por tu gracia cambió radicalmente el rumbo de su vida. ¡Dame la gracia de la conversión!