miércoles, 14 de septiembre de 2016

¡OH CRUZ VICTORIOSA!


Te exaltamos, oh cruz santa y buena,
porque desde ti el mundo se ve pequeño
y desde aquí, el madero, se nos hace duro.
Porque, reconocemos,
que preferimos el bien sin sufrimiento
y, que nunca nos levanten,
como estandarte que se desangre escarnecidamente,
Si; ¡oh Cruz!

Te bendecimos, te alabamos,
te adoramos, te cantamos,
en tu honor elevamos mil plegarias
porque, de ti, surgió el fruto de la Redención
Porque, en Ti, gimió el Niño que vino en silencio
Porque, en Ti, siete palabras, apenas siete,
Pronunció aquel que, en Belén, sólo era amor.
Te exaltamos, Cruz verdadera y fuerte
Porque en Ti, el amor, habla sin fisuras
Porque en Ti, el amor, ya no esconde nada
Porque en Ti, el amor, dice su última palabra:
No puedo hacer más
Ya no hay más
Todo se ha cumplido

¿Por qué me has abandonado?
Sí; ¡oh Cruz Victoriosa!
Que, en aparente derrota,
entregas a la muerte y acoges
al que tanto, hoy siempre, tanto perdona
Que, disparándote hacia el cielo,
nos recuerdas que el amor, cuanto más se entrega,
más produce a Dios más agrada.
Te exaltamos, oh Cruz,
porque Dios, bajando pobre en Belén,
sube también despojado y desnudo a un madero
Te exaltamos, oh Cruz,
porque, en la hora incierta,
sabemos que Dios nos acompaña
desde el silencio y con mano providente.
¡Oh Cruz! ¡Exaltamos y pregonamos tu belleza!

Amén.