“Gracias, Señor, la Virgen nazarena
es tu Madre y mi Madre juntamente.
A ti, te dio su carne confidente;
a mí, me da su savia de azucena.
Tú la llenaste con la gracia plena.
Ella te dio su ser enteramente.
Yo nada puedo darle: solamente
llamarla Madre inmensamente buena.
Gracias, Señor, por darme la alegría
de saber que tu Madre es Madre mía
y me custodia como a hijo niño.
Gracias, Señor, tu dimensión materna
se llama Virgen de mirada tierna
y es albergue de calido cariño.”
(Rafael Matesanz)