domingo, 7 de septiembre de 2008

EVANGELIO DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

MATEO 18, 15-20

Dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo. Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.



SEÑOR, la corrección fraterna nace de mi amor al otro, pero cuando no tengo ese amor, lo más fácil y normal es echarle en cara su pecado sin compasión. No es así como tú me amas: me corriges con paciencia, me ayudas a salir del pecado, esperas mi enmienda, me perdonas y lo olvidas. Es otro aspecto del amor que he de tener a todos los que están cerca de mí.